A 10 años del Paro Cívico Nacional, por Lucrecia Morales García
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A 10 años del Paro Cívico Nacional, por Lucrecia Morales García

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El pasado 2 de diciembre, se cumplió una década del Paro Cívico Nacional convocado por la Coordinadora Democrática, cuya principal finalidad fue la salida del poder del Presidente Hugo Chávez Frías. A esta coalición de varios partidos y organizaciones de la sociedad civil, se unió la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV) y Fedecámaras. Si bien es cierto que la paralización no fue completa, durante dos meses la vida de diversos sectores productivos se vio afectada, y especialmente, la de la Industria Petrolera Nacional.

Uno de los protagonistas de aquella iniciativa opositora, Carlos Ortega, por cierto, considera que se trató de un paro convertido en huelga, reconocido por la Organización Internacional del Trabajo

(OIT), y dejando claro que realmente fue una iniciativa de la CTV a la que luego se plegaron luego casi todos los sectores, excepto el sector gubernamental (Lucrecia Morales García y Juan Carlos Morales Manzur, en: Memorias del exilio político venezolano en Perú. Hablan sus protagonistas, 2012). Sin embargo, después de dos meses, los únicos que no regresaron a su trabajo, fueron los empleados de Petróleos de Venezuela (PDVSA), a quienes el Presidente de la República “bota” (despide) masivamente, por medio de listas publicadas en los principales diarios del país.

Justamente estos empleados: la Gente del Petróleo (GdP), son el motivo de mi columna de hoy. Vale decir que la GdP es una asociación civil creada en junio de 2002 con el fin de “…dar a conocer la realidad de PDVSA para que todos los ciudadanos tengan información clara, precisa sobre el desempeño de la industria que sustenta la economía venezolana.” (Juan Fernández, en: Lapatilla, 11-06-2012). La GdP representó lo mejor del recurso humano formado en PDVSA (meritocracia), cuyos miembros no solo fueron despedidos como ya se comentara, sino perseguidos políticamente por este régimen, llevando a que muchos de ellos tuvieran que abandonar el país en búsqueda de aquellas oportunidades que su propia patria les estaba negando.

No olvidamos tampoco sucesos tan lamentables como la muerte de José Manuel Vilas, nunca esclarecida, ni las vidas de aquellas personas que lo perdieron todo y hasta hoy no han podido recuperarse, porque la persecución nunca ha cesado, y muestra de ello es la nueva citación a más de 180 trabajadores de esta asociación civil que deberán enfrentar un juicio oral y público por su presunta responsabilidad en el paro de 2002 (Globovisión.com, 08-06-2012). Igual no debemos olvidar cómo gente de la más alta calidad profesional, ha tenido que hacer malabares desde el despido, para poderse sostener y sostener a sus familias, como “…desde diseñar empresas de consultoría hasta vender baratijas en la calle…” entre otras cosas (Veneconomía, mayo 2003).

En lo particular, sé de primera mano que nadie puede ser acusado al interior de la GdP por haber instigado al paro; aquello fue una decisión individual de hombres y mujeres que estuvieron dispuestos y comprometidos a entregarlo todo, por la perspectiva y convicción de una mejor Venezuela, y PDVSA era parte de tales aspiraciones. Así que el sabotaje, está descartado.

Después de 10 años, sin embargo, el análisis que hacemos nos lleva a señalar que aquel personal altamente calificado, que recibiera entrenamiento y capacitación en la empresa clave de la economía venezolana, ahora se halla ofreciéndole su talento y formación a otras naciones, mientras nuestra otrora PDVSA se hunde en el fango de la ineficiencia, incapacidad e impericia en el negocio petrolero.

Para finalizar, debo decir que he escrito esta columna de hoy con dolor en mi corazón. Me duele mi país y me duele su destino; por eso me duele PDVSA, hoy disminuida como corporación mundial petrolera, cuando fue una de las primeras en el ramo. Por desgracia, sé que este gobierno no tiene capacidad de enmienda; si la tuviera, trataría de recuperar nuestra empresa bandera y eso implicaría traer de regreso a aquellos despedidos en 2002-2003, que quisieran volver a recuperarla. Lamentablemente también, la mayoría no querrá volver, y eso me desgarra el alma, porque no nos merecíamos perder tanto talento 100% venezolano. Qué Dios se apiade de nosotros…y que la patria, nos lo demande.

 

Lucrecia Morales García

Politóloga

[email protected]

@lucremorgar

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