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La buena política, por Heberto Díaz Oquendo

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Peter Drucker, el reconocido escritor, consultor, empresario y periodista austriaco, así como uno de los más grandes expertos en temas gerenciales, hablaba de la importancia de la eficacia en la conducción de las organizaciones y también de las naciones, entendiendo que el verdadero liderazgo es responsabilidad; acción congruente y compromiso social en aras del bienestar general de la gente, así como modelaje para sus seguidores. De hecho, los buenos líderes luchan por ser el tipo de persona en el que creen, quisieran ser y respetan profundamente. En conclusión: un buen líder es quien tiene la capacidad para motivar a sus seguidores para hacer lo que se espera de ellos y alcanzar resultados. (Drucker, 1996).

En contraste, el gurú Drucker tenía serias dudas sobre el liderazgo carismático y otros expertos en la materia han planteado que a este tipo de líderes: “Su energía, confianza en sí mismos y encanto los conducen inexorablemente a la cima de sus organizaciones. Son pésimos gerentes. No aceptan sugerencias…Tienden a asumir para ellos más reconocimiento del que merecen por los éxitos, pero ninguna responsabilidad por los fracasos. Emiten juicios con mayor seguridad que otras personas…la gente tiende a creerles y adquieren una influencia desproporcionada en las situaciones de grupo… (y)…No es raro que cuando se presenta un vacío de liderazgo…se apresuren a llenarlo” (Hogan, Rasquin y Farsin, citados por Malavé, 2003).

Si llevamos este planteamiento al plano político, nos daremos cuenta que el debate en Venezuela no es entre vieja y nueva política, sino entre buena y mala política, como diría Roberto Enríquez, actual Presidente Nacional del Partido Social Cristiano COPEI, lo cual nos lleva a afirmar que lo importante en un líder es su capacidad para interpretar las necesidades de su gente y convertirlas en respuestas transformadoras de su realidad. La buena política, en consecuencia, la entendemos como aquella que se basa en valores y principios; que es ética, comprometida y sigue una estrategia; tiene organización, disciplina y logra resultados.

Si analizamos el caso nacional, creo que la oposición debe revisar su estrategia ante Hugo Chávez, porque siendo la suya una pobre gestión, llena de retórica y promesas no cumplidas, no podemos sino asumir que tal vez no hemos estado haciendo buena política, lo cual debe llamarnos a una profunda reflexión y conducirnos a un constante ejercicio para desarrollar la habilidad de llegarle al pueblo y comprender sus angustias, trabajando por llenar sus expectativas de una mayor calidad de vida, como se merece. No decimos que no haya que imprimirle pasión y poesía a la política; de hecho, pensamos que es indispensable tocarle el corazón a cada uno de los venezolanos, al mismo tiempo que demostrarle que nos importa su destino y estamos dispuestos a entregar el alma por su prosperidad, porque la buena política es justicia social y más y mejor democracia.

 

Heberto Díaz Oquendo

Secretario Nacional de Organización de COPEI

[email protected]

@HebertoDiazO

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