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¿Cómo vive un chavista los trancazos?

¿Cómo vive un chavista los trancazos?
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Hoy cuando la ceniza de la quema de cauchos y basura define el método más utilizado de protestas y se mezcla con el día a día de los ciudadanos, hay quienes apoyan silentes y hay quienes sufren por repudiar y no poder revelar su ideal. El pueblo chavista ve y sufre la situación de una forma distinta, Noticia al Día revela cómo vive los trancazos un chavista de barrio.


Un revolucionario que toca de frente la realidad de los estratos más bajos puede o no estar de acuerdo con las vías que han tomado las medidas políticas de ambos sectores del país, en lo que sí concuerdan es en que “las trancas y la violencia afectan a todos”.

Sixto Santini, del sector Panamericano, reflexiona sobre la situación social de país, es enfático y apunta a que la situación cada vez está más grave, “cada quien hace lo que le da la gana y aquí no hay ley (…) cómo es posible que puedan prohibir el libre tránsito, a mi edad nunca había visto algo así y que además lo utilicen para delinquir”.

Señala -a su parecer- que hoy más que nunca hay libertad para marchar, “los dejan llegar hasta las instituciones públicas para que hagan destrozos, el gobierno hasta es permisivo, yo estoy con el proceso pero no apoyo esa porquería”.

Santini afirma que en su sector se implanta en cada trancazo un toque de queda, “parece que cuando trancan se desatan los demonios y todos debemos encerrarnos (…) ya las 12 del mediodía nadie sale de sus casas, eso no puede ser posible”, repudia además que las autoridades no contengan la anarquía que se genera, “a esa gente le hace falta es ley y más ley, pero hay que ir es por los de arriba, los que llaman a destrozar”, apuntó.

Al interrogarle sobre cómo es su día a día, rodeado de ideales opuestos a los suyos, dice que más de una vez “le toca chupar limón” para no caer en polémicas con sus vecinos, pues él cree fielmente en el proceso revolucionario y gracias a esto se ha sentido cercado por sus vecinos. “Pretenden quitarle la razón a uno aunque la tenga y a veces como yo llevo mi gorra roja quieren tratarme mal, a mi no me importa eso”, dijo.

A sus más de 60 años, dice que ha gozado de varias misiones impulsadas por el gobierno, por ejemplo la dotación de medicinas de Barrio Adentro o los alimentos del CLAP, sin embargo, confiesa que hace tiempo no goza de ellos y se ha visto en la necesidad de comprar medicamentos a costos elevados, abandonar tratamientos o invertir más para comer mejor, asegura que espera que con la Constituyente todo mejore y por eso saldrá a votar el 30 de julio.

Otro punto de vista lo expone Romalí Palmar, comerciante de La Limpia, quien repudia totalmente las trancas, no solo por su ideal político sino porque le impide obtener ingresos diarios, “apenas vienen a cerrar la calle debemos irnos porque tememos que nos roben, eso no es una protesta, ayer cerraron a las 12 y esto se convierte en el lejano oeste”.

Critica que exista gente que apoye ese tipo de actos y que de hecho “disfruten cada tranca viendo cómo los demás deben caminar o son robados, así no se construye un país”.

Finalmente, un punto conciliador lo expone el señor Eddy Lovera, un trabajador del sector público quien cree que es hora de cambiar, aunque él apostaría por el diálogo en vez de las acciones de calle. “Hay que seguir insistiendo en el diálogo porque estas protestas se prestan para estar vagabundeando, para que la delincuencia aproveche y nos estamos perjudicando”.

Así mismo, señala que su experiencia en los últimos días ha sido muy mala, “he tenido que caminar mucho para poder llegar a casa y he temido ser robado o atacado. Pienso que cuando se sale de control en vez de ayudar empeora la situación”.

Lamenta además lo que está sucediendo y considera que el entendimiento daría mejores resultados, pero está claro en que “es necesario encontrar una salida”.

Fotos: Kristopher Castillo

Noticia al Día

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